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Durante mucho tiempo, la desinformación y la falta de tallas en el mercado de los brassieres me hicieron sentir que yo era de otro planeta, que había llegado demasiado temprano a la repartición de busto y cualquier cantidad de tonterías que me hacían sentir acomplejada, fea y “rara”.

Hace unos pocos años conocí a una mujer quien se ha convertido en algo así como mi “Brada Madrina” (¡saludos Ale!).

Bastaron 5 minutos de plática para darme cuenta que ella también había pasado por las mismas frustraciones que yo. Ahí empezó a quedarme claro algo que yo sospechaba pero no me atrevía a decir: (Para no desafiar los “estándares” de tallas en el mercado y “experiencia” de las vendedoras)

EL PROBLEMA NO SOY YO, ¡YO SOY NORMAL!

Tan normal como la chica que mide 1.60 o la que mide 1.90, la de ojos de color verde o café oscuro, la que no usa brassiere porque no lo necesita o porque no le gusta, la morena que pasa al lado…y miles de ejemplos más.

El problema, mi querida amiga es la malinformación a la que nos acostumbraron.
Nos enseñaron a que lo que se vendía en las tiendas “era lo único que existía” y que si la prenda no se ajustaba a tí, el problema era tu cuerpo, “tus proporciones” “tus gustos”… en pocas palabras, te hacían sentir que estabas deforme por alguna razón y que para tí NO había brasieres.  

Después de vivir la experiencia de que me midieran, me escucharan, me entendieran… y de paso me mostraran que SÍ existen bras lindos para mí, ya no me siento mal por ser talla 32G. Al principio me dio mucha impresión escuchar letras arriba de DD… pero cuando te pones el bra, y ves el cambio, francamente lo que menos te importa es la letra. Yo ya superé que mi copa está mas cerca de la P que de la A (digo P, porque existen copas hasta la P, bueno, eso me dijo Ale). Adiós cuatro boobs, bras que me quedaban de pezonero o que si me amoldaban de la copa, les tenía que recortar la mitad de la espalda.

Usar por primera vez un bra de mi talla no solo me hizo sentir más cómoda y más segura.

También cambió LA FORMA EN QUE ME VEO.

Este proceso me hizo entender que soy normal, que amo mi cuerpo como es y estoy orgullosa de ello.  

Ahora camino por la vida feliz sin querer esconderme ni ocultar algo tan obvio como que tengo mucho busto. (Además de que no es nada fácil de esconder)  

Busco hacer lucir mi cuerpo, y aunque soy bastante recatada – como buena chica de provincia-  procuro ropa que resalte mis proporciones y me haga sentir linda en cada momento.

He aprendido a divertirme con las situaciones que tener este tipo de cuerpo conlleva: Terminar con la mitad de las palomitas en el escote,   preguntarle a mis amig@s si me manché la blusa porque yo no alcanzo a ver, e inclusive, hacer bromas acerca de mí misma y mi “exceso de dimensiones”. (Obvio también aprovecho muchas de sus grandísimas ventajas, como presumir mi  “poder femenino delantero” para que los conductores me cedan el paso siempre que quiero cruzar la calle)

Al final del día ni siquiera se trata de qué talla o letra eres. Lo verdaderamente importante es que las tiendas en México entiendan que habemos muchos tipos de cuerpos, y que todos tenemos derecho a usar ropa que nos haga sentir bien.

Ya no permitamos que nos maltraten en las tiendas o que nos digan que “el problema son nuestras proporciones”. Empecemos a ser más exigentes con los fabricantes y más amorosas y compasivas con nosotras mismas.

Porque como dice Sonya Friedman, “El modo en que te tratas a ti mismo establece el estándar para otros”.

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